Como a las bombas de una guerra, hay que esquivar solventes creencias para sobrevivir, por ejemplo: a la dirigencia
2.11.06
Había gente, muchísima en 19 y 51, los familiares esperaban, eran miles de espíritus desconocidos -Y como en esa época todos cedíamos- los sueños caían al silencio de esa esquina, hasta la risa de los tilos apagó sus hojas en el cordón de la vereda. De jean, con la remera blanca de Freddy Mercury, bajo el escote en V, salí por el portón de la calle 51 siendo un ex soldado de Infantería, un ex combatiente, un veterano de 20 años y por el Camino Parque Centenario, intente abandonar ese Hades del Plata.
1.11.06
Y tu casa era así y tu madre era así, tus juguetes eran así y era yo, quien te miraba, muchachita, día y noche era así, como lo ves en esta fotografía. En el camino fuiste creciendo. Había un techo de madera y te metías en el ropero. Una mañana, en el fondo rosa de la casa, el cielo fue un animal herido. El gato, astor, mama, papa son algunas proclamas de esos instantes, Y es que era así la eternidad.
En la plaza de armas siento el tironear cardinal de cuatro caballos que cinchan mis extremidades de raíces autóctonas. Aun no tengo hijos, tengo 23 años y miro mis pies adelantarse uno a otro sobre estos húmedos adoquines de Cuzco. Entre las piedras percibo a Viracocha, su presencia en mi caminar tiene la apariencia de alguien que sueña, un abastecedor de vida. A dos cuadras de ahí, el Hostal Manta. Con los años, aquella mañana de marzo de 1987, se recuerda como una canción.
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